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miércoles, 8 de mayo de 2013

Palabras a un amigo y el miedo a decirlas.

A veces uno causa, sin querer, daño en las personas que más quiere. Yo causé daño en algunas de las personas qué más quiero, y muy en particular en una de ellas. Ya sé que las palabras sólo son palabras, pero quiero dedicárselas a ese amigo incuestionable que siempre está a mi lado y que, a pesar de todo, cuestioné. De todas las veces que metí la pata, ésta es de la que más me avergüenzo, porque no se puede pedir confianza cuando no se da, ni se puede achacar a los demás lo que uno mismo hace mal. Ésta es mi forma de pedir perdón.
 
 

¡Cuántas veces fuiste el yunque
sobre el que se apoyó flácido el acero
forjánose bajo el martillo del desvelo!
¡Cuántas el vado en el que el pie no se hunde!
Cuántas tu mano se tendió a mi andar,
sirviendo de muleta a este torpe cojo
que tan malamente avanza a paso de piojo
y que día a día parece no avanzar.

Olvidé, por innumerables,
las veces que enjugaste mis lágrimas,
que me alentaste en mi sueño infatigable
lanzándome al abismo para volar
mis alas de cadenas con las eternas ánimas
sobre los fuegos del desierto solar.

Y una vez más traicioné tu confianza
del frescor de rosas, lirios suaves y amapolas.
Y una vez más azucé mis mares contra tus rompeolas
escupiéndote injurias en mi desesperanza.
Y una vez más dejo en manos de destino
mis esperanzas, penas, desvelos y sueños,
todos y cada uno de mi empeños,
mi ser pequeño, pueril, anodino.

Tu perdón, mis disculpas,
los agravios que me imputas,
ya no es tiempo de entregarlos
a las manos del destino,
es hora de tomar mi camino,
coger los males causados y enmendarlos.

Las palabras sólo son palabras
si no se sostienen en ninún hecho.
Pero, golpeando la culpa en mi pecho,
no me queda más que pronunciarlas
hasta que con tus ojos veas el momento
en que con hechos muestre mi arrepentimiento.


jueves, 25 de abril de 2013

Límites.

Hace mucho que quería escribir sobre los límites, aunque nunca supe bien cómo abordarlo, así que hoy me animo y me lanzo al mar, sin salvavidas ni nada.

Siempre que sale el tema de los límites digo que yo no pongo límites, lo que a menudo es malinterpretado como que no tengo límites. Poner límites y tener límites es algo muy distinto. Algunas personas me dice que si no pongo límites le estoy dando derecho al Dominante a hacer aquello que considere, y que no puedo decir que no, ya que para eso tenía que haber puesto límites. Están en lo cierto. La cuestión es que para que un Dominante pueda hacerme lo que quiera tendré que entregarme primero a él (uso el masculino genérico, pero reconozco que en mi mente estoy viendo una mujer, no un hombre). Y para entregarme a él, tendrá que ganarse mi confianza, conocerme y conocer mis límites, esos mismos límites que no pongo, pero que sí tengo.

Esto parece muy complicado, y sobre todo, parece una cotradicción, pero veréis que no hay contradicción ninguna. A menudo cuando hablo con Dominantes o con sumisos me preguntan cuáles son mis límites, y los últimos me cuentan los suyos. A menudo cuando un Dominante habla con un sumiso, éste le expone todos y cada uno de sus límites, pero damos por hecho de que todos entendemos lo mismo cuando hablamos de límites. Un límite puede ser aquello que no puedes hacer, por ejemplo, yo ahora estoy parado, pero si trabajase, no podría abandonar mi trabajo, porque lo necesito, del mismo modo que no me puedo desplazar, porque no tengo capacidad económica para hacerlo. Un límite puede ser aquello que, aunque técnicamente podrías hacer, no estás dispuesto, por ejemplo, yo podría abandonar asociaciones en las que estoy, militancias políticas... Incluso podría dejar de relacionarme con mis amigos, pero es algo que no voy a hacer bajo ningún concepto. Un límite puede ser aquello que no quieres hacer, por ejemplo, a mí me gusta ir, muy de vez en cuando, a tomar unas botellas de sidra con mis amigos, y aunque bebo muy poco, no tengo ningún interés en abrazar la abstemia total, y para hacerlo debería tener muy buenos motivos... Un límite también puede ser algo a lo que le tienes miedo, por ejemplo, a mí me daría mucho miedo que me cediesen, y es algo a lo que no sé si estoy dispuesto. No sé si estoy dispuesto, es decir, puede darse el caso de que por muy entregado que esté a mi Dueña, no sea capaz de pasar esa barrera jamás, y jamás pueda aceptar ser cedido... O puede que con el tiempo, cambie de parecer, no tengo la capacidad de conocer el futuro.



Cuando empecé en esto, pensé que jamás querría jugar con agujas, o que jamás me prestaría a una sesión medical, pero hoy no lo tengo tan claro, y aunque nunca jugué con agujas, es algo que estoy deseando hacer, y el medical... digamos que hay cosas que sí y cosas que no (cosas que hoy, en este momento, no). Los límites son variables, y dependen de muchas cosas, especialmente del nivel de confianza y comunión al que llegues con la otra persona.

Por eso, cuando conozco a una persona Dominante no me gusta sacar mi lista de límites, porque no me gusta empezar una relación diciendo qué no estoy dispuesto a hacer, sino que prefiero poner el acento en lo que sí estoy dispuesto a entregar. Obviamente, si mañana quedo con una Ama y tengo una sesión, así porque sí, tendré que poner una serie de límites, ya que esa persona no me conoce de nada. Pero si quiero establecer una relación... Evidentemente eso depende de la prisa que tenga por establecerla. Si quiero establecer una relación en dos meses, o pongo límites o estoy metiéndome en la boca del lobo, ya que por mucho que hablemos, en dos meses no nos vamos a conocer tanto (quizá sí conozcamos los límites más físicos, pero quizá no los más emocionales, quizá en dos meses un Dominante pueda llegar a conocer los límites físicos de su sumiso, pero conocerlo como persona... Llevo casi 30 años conviviendo conmigo y aún no me conozco en profundidad, menos me va a conocer nadie en dos meses). Pero si estoy dispuesto a tardar en el periodo de conocimiento todo el tiempo que sea necesario, si estoy dispuesto a que pasen los meses, y quizá algún que otro año, antes de entregarme por completo a una persona, ¿de verdad es necesario que me presente con la lista del no?

No pongo límites, es decir, no hago una presentación de mis límites, porque quiero que la persona con la que quiero estar sepa que estoy dispuesto a entregar todo lo entregable (y está claro que lo que es entregable lo decidimos entre los dos, y muy especialmente yo), no tengo una lista de límites, entre otras cosas porque hay muchos límites que nunca me planteé. Hay muchas prácticas que no conozco, y que por lo tanto no puedo limitar, hay muchas formas de relación D/s que nunca me imaginé, por lo que nunca pude limitarlas... Habrá quien crea que si no conozco una práctica o no imagino una forma de relación, no puedo vivirlas. Efectivamente, es así, pero una vez que me las presentan, que las conozco, que las interiorizo... En ese momento, puedo decidir si acepto esa práctica o esa forma de relación. Y en el caso de que no lo acepte, puedo decidir si se trata de algo que jamás, bajo ninguna circunstancia, voy a admitir, o si es algo que no admito ahora, pero que quizá admita en el futuro (o quizá no). Es más, puedo darme cuenta de que hablamos de algo que ahora no puedo hacer, que no estoy preparado, pero puedo decidir esforzarme para ser capaz de hacerlo en el futuro. O puede que esa capacidad de hacerlo venga poco a poco, sin darme ni cuenta.

No me gustan los límites (y eso es algo que digo para mí, cada uno tendrá que establecer su forma de vivir el BDSM) porque no busco una relación D/s rápida. Es más, no quiero que llegue nadie a regalarme una relación D/s venida del cielo. Quiero construir con una persona una relación D/s, y como quiero contruírla, no hay más límite que el que nos queramos poner. La relación no tiene ningún límite porque es algo por construir, no una plantilla fija. ¿Puedo limitar mis propias fantasías, mis propios sueños? ¿Puedo limitar las fantasías y los sueños de aquella que sea mi Dueña? ¿Puedo limitar algo que aún no existe y que quiero construir? Es como ponerle puertas al mar. No pongo límites, pero evidentemente, como todo el mundo, soy limitado, y la relación D/s que construya tendrá que ajustarse a las circunstancias que vivamos mi Dueña y yo (como pareja D/s, y las circunstancias personales de cada uno), y tendrá que levantarse sobre los pilares que los dos decidamos, y como esos pilares aún están por levantar, no  puedo acotarlos.


Además, yo sé de qué soy capaz ahora, no sé de qué seré capaz en el futuro. Quizá las circunstancias me limiten más, y haya cosas que hoy estoy dispuesto a hacer y mañana no. O quizá las circunstancias sean más favorables y pueda hacer cosas que hoy no puedo. Sobre todo, a lo largo del tiempo iré creciendo como sumiso y como persona, por lo que lo que hoy es un límite mañana puede ser un punto de partida, y lo que hoy es un mundo, mañana será pan comido.

Está claro que una relación en la que no haga falta establecer rotundamente los límites tiene que ser una relación a paso lento, una relación en la que antes de sacar la fusta a relucir habrá que tomarse muchos, muchos cafés, en la que el conocimiento mutuo sea enorme y la confianza no tenga ningún tipo de fisura, pero... ¿la entrega no consiste precisamente en eso? Está claro que antes de ofrecer una sumisión sin límites (repito, siempre hay límites, en cuanto que todos tenemos limitaciones) tienes que decidir muy bien a quién le ofreces esa sumisión, y del mismo modo que tienes que ganarte la confianza del Amo, el Amo tiene que ganarse completamente tu confianza y respeto, y eso no se hace en dos días. Poco a poco, en las pequeñas conversaciones, en los pequeños gestos, en los comentarios, en lo que hacemos a diario tanto como sumisos como personas (aquello que hacemos en nuestras vidas vainilla también dejan entrever qué limitaciones tenemos) incluso en los post que uno va colgando, van apareciendo los límites, nas necesidades y las capacidades del sumiso, también las del Dominante, y con un poco de ojo, mucho cariño, muchísima paciencia... y no pocos malos ratos, irán conociendose las limitaciones de cada uno, y de ahí quizá (sólo quizá, nada es seguro) pueda surgir una relación D/s. Sí, presentar una lista con lo que quiero y lo que limito puede que sea más rápido, pero uno de los encantos de que te hagan un regalo es ir abriéndolo poco a poco, quitándole el papel y descubrir poco a poco lo que hay. Sí, podrían regalarme una camisa y decirme "toma, es una camisa", pero ¿y ese disfrute de no saber qué te van a regalar? ¿Ese juego de dar pistas y descubrir, finalmente, que es la mejor camisa que podrías tener?


martes, 23 de abril de 2013

Decisiones y confianzas.


Hace unos tres años que me acerqué al BDSM de forma activa, es decir, hace tres años que decidí (quizá una de las decisiones más acertadas que tomé en la vida) participar en eventos BDSM, cafés, fiestas, colectivos, charlas, momentos de risas, momentos de menos risas, momentos sin puta gracia y momentos más que graciosos, siempre de la mano de gente que merece la pena, compartiendo espacios con gente que permaneció en mi vida y en proyectos en común, con gente que se fueron descolgando, de gente que nunca quiso estar, de gente que puso zancadillas, que quiso aprovecharse, que me apoyó desde el principio y en la que voy a poder confiar hasta el final, con gente que está, con gente que estuvo, con gente que estará, con gente que fallará, que persistirá, que abandonrá, que se mantendrá firme sobre la roca firme, con gente a la que le debo todo, para lo bueno o lo menos bueno.

Desde el primer momento en el que me acerqué al BDSM de forma activa, el momento en el que tomar un café ganaba espacio a mirar pornografía, en el que hablar ganaba espacio a sesionar, en el que una mirada muda se impuso más que mil fustas, sentí la frustración de estar viviendo una doble vida. La frustración de esconderse, de mentir a amigos y familiares cuando salgo a una fiesta, a un café, a cualquier evento. De inventarme bodas, despedidas, entierros, actos políticos inexistentes... De que me presupusiesen novias, enfados, ante idas y venidas que no parecían tener explicación, ante teléfonos colgados, ante excusas forzadas, inventadas en tres segundos, repetidas en mil ocasiones, prefabricadas, innovadas...



Realmente me resultó siempre frustrante vivir dos vidas, la vainilla y la bedesemera, porque en realidad soy una sola persona, con muchas facetas, claro que sí, pero una sola persona, y del mismo modo que otras facetas de mi vida no entran en confrontación, nunca le encontré sentido a que esta faceta sí entrase en confrontación con las demás.

Pero no puedo ser ingenuo, no puedo ser un suicida estúpido. Sé perfectamente que no puedo ir pregonando por ahí que soy sumiso, sé que, entre otras cosas (y no sólo por autodefensa, sino por convicción) el BDSM, como parte de mi afectivo-sexualidad, forma parte de mi intimidad, y no tengo por qué airear lo que hago ni con quien. Aunque también soy libre de compartir ciertas cosas de mi afectivo-sexualidad (todos sabemos de nuestro entorno quién tiene pareja, quién está casado... y son aspectos de la afectivo-sexualidad de las personas). Pero evidentemente hay cosas que no son comparables, y no podemos comparar el hecho de tener pareja, que es algo que no sólo es socialmente aceptable, sino que además es socialmente recomendado, que tener sentimientos de sumisión, que no siempre es comprendido ni aceptado por la gente que nos rodea, y que es fácilmente utilizable para hacernos daño.

Tengo la suerte, la tremenda suerte, de contar con mucha gente en mi vida que me quiere. Sé que nadie tiene muchos amigos verdaderos, sólo unos pocos. Con todo, no creo (porque la experiencia me demostró que no es así) que no existan los amigos verdaderos ni que no se pueda confiar en nadie. No, no se puede confiar en la primera persona que pasa, eso es cierto. Yo, aunque parezca todo lo contrario, no soy una persona excesivamente confiada. Realmente no confío de buenas a primeras de nadie, aunque tampoco desconfío de buenas a primeras de nadie. Sencillamente siento cierta indiferencia hacia la gente a la que no conozco bien. Eso me ayuda a no llevarme grandes decepciones (aunque alguna me llevo, por supuesto) y a no cerrarme a mucha gente que, con el tiempo, acabó formando parte muy importante de mi vida.

La confianza es algo difícil de ganar, pero para que alguien confíe en ti, quizá tú también tengas que confiar (aunque sólo sea un poco) en esa persona. Yo no puedo pedirle a nadie que confíe en mí, si yo no confío en esa persona, del mismo modo que no puedo confiar en alguien que no confía en mí. Es evidente que en muchas ocasiones la confianza se traiciona, como también es verdad que en muchas ocasiones la confianza se refuerza. La confianza no podemos dársela a todo el mundo, pero tampoco negársela a todo el mundo.



Desde hace algún tiempo vengo hablando con la gente a la que quiero (no la gente que me cae bien, no la gente que me despierta simpatías, sino a la gente a la que quiero y a la que siento profundamente dentro de mí, que son parte de mí de alguna forma) sobre mis sentimientos en el BDSM. Desde hace algún tiempo me dirigí a mi grupo de amigos más cercanos (mis mejores amigos y mi amigo-hermano, un hermano que lo es porque así lo sentimos los dos, aunque naciésemos y nos criásemos en el seno de dos familias distintas) para explicarles cómo siento, lo que soy. Porque tengo muy clara una cosa, el BDSM, la sumisión, no es lo que hago, es lo que soy. Ayer mismo hablé con mi hermana, con la que, es verdad, tengo y tuve algunas diferencias (algunas muy serias), pero que es una persona que cree en lo que yo diga a ojos ciegos, y que me quiere como yo la quiero a ella, y le conté que me interesa el BDSM (si bien es verdad que no entré en grandes detalles). Creo que de alguna forma también correspondí con su confianza, pues cuando ella salió de su particular armario (que, por razones obvias, no voy a explicar, cada uno hablará de su vida, yo hablo de la mía) fue en mí en la primera persona (al menos dentro de la familia) en la que confió. Y como dije, no se puede pedir confianza a alguien a quien no le otorgas el mismo grado de confianza.

Sé que algunos de mis mejores amigos dentro del BDSM (que son amigos dentro del BDSM, pero también fuera, pues cuando quieres a alguien lo quieres, en todos los ámbitos, en todos los momentos y en todas las circunstancias, incluso cuando confrontáis) no ven con buenos ojos que salga del armario con tanta alegría, o con lo que ellos consideran con alegría. Soy consciente de que si no lo ven con buenos ojos es únicamente porque me quieren, porque tienen miedo de que mi excesivo exhibicionismo me cueste caro y me acabe arrepintiendo. Lo que creo que no entienden es que si me exhibo (lo pongo en cursiva para subrayar lo importante y lo polivalente de la palabra, pero es una palabra mía, no de ellos) lo hago porque creo que es importante. Es importante para normalizar el BDSM. Y lo hago porque es la única forma de ser coherente conmigo mismo. Entiendo que no compartan mi modus operandi, entiendo que teman por mí. Lo entiendo y se lo agradezco profundamente. Pero si hago lo que hago es porque creo que es el único modo de serme fiel a mí mismo. Si hiciese otra cosa sería como si yo mismo llevase dentro de mí un Pedro y un Jesús. Un Pedro que niega no tres, sino infinitas veces a Jesús y un Jesús que sufre la peor traición, la traición de quien no le traiciona, pero le niega. Y malamente puedo serle leal a nadie, si no me lo soy a mí mismo.

No quiero ni puedo, ni estoy en condiciones de salir por la calle diciendo que soy sumiso, eso sería suicida, estúpido. Habría muchas personas esperando a caer sobre mí con algo tan escandaloso y destrozarme. Pero tampoco puedo no reconocer la confianza que tantas personas me demostraron en las más variopintas situaciones, no puedo traicionarme a mí mismo, ni puedo seguir escondiéndome siempre que salgo de casa, siempre que me conecto, siempre que siento, para que ni mis seres más queridos sepan quien soy yo en realidad. Es para mí muy duro que personas a las que estoy ligado sentimentalmente con lazos muy profundos no me conozcan. Es muy triste y muy duro que no conozcan algo que para mí es de una importancia vital. Evidentemente no voy por ahí diciendo "Hola, me llamo Fulano y soy sumiso", eso pertenece a mi intimidad, a mi vida privada, pero, por ello, eso me define. Y nadie que no sepa quien soy puede decir que me conoce.

Sé que las personas que me quieren quieren protegerme de cualquier mal. También yo quisiera protegerlas a ellas de cualquier mal, pero hay que tener un cosa clara, a veces será posible, otras no. Y el sufrimiento forma parte de la vida, aunque intentemos siempre, obviamente, evitarlo. 

La confianza es el punto clave para evitar cualquier mal. Saber en quién confiar y en quién no. Confiar en quien no debes confiar sólo te va a traer dolor, no confiar en quien tienes que confiar no te va a evitar ese dolor. Pero la persona en quien más debemos confiar es en nosotros mismos. Si yo mismo soy capaz de confiar en mí y de enfrentarme a cualquier circunstancia hostil... ¿qué puede pararme?




No puedo ni quiero dejar de pasar la oportunidad para saludar a las personas que sé que van a leer este post y en las que sé que puedo confiar plenamente. Gracias por estar ahí, y gracias por preocuparos. Gracias, también, por hacer que me enfade, porque eso quiere decir que os importo, igual que vosotros me importáis a mí.

martes, 16 de abril de 2013

Reina de Alfareras.

Húmedas, tiernas, firmes, frescas
tus manos alfareras, suaves de alelí.
¡Ay si posaras tus dedos embarrados sobre mí!
Dieras a mi sumisión informe, formas diversas,
ora redondas, ora cuadradas, ora cuniformes.
Modelaras mis bajas pasiones en virtudes enormes.

¡Ay si tomaras mi sumisión entre tus dedos!
Tornáranse querubines los fantasmas y los miedos,
levantaras en mi pecho tus palacios inmortales,
rindiera vasallaje a tus miradas inferno-celestiales.

Vasija, ánfora helénica o humilde botijo campesino,
en mi mente, cuando arcilla, cuando piedra de cantera
esculpieras, maestra, para mí un nuevo y oculto destino,
y en en ésta tu obra, aún pequeña, cabría la mar entera.


     Alfarero

jueves, 28 de marzo de 2013

Asociacionismo y BDSM.

Hace tiempo discutí en este mismo blog (digo discutir, pero tiene que entenderse dicutir en un ambiente cordial y de amistad, claro) sobre el concepto de comunidad BDSM. No voy a reabrir esta discusión por enésima vez, y en consecuencia, no lo voy a hacer, pero sí que vengo a hablar de algo que tiene cierta relación, el asociacionismo en el BDSM.

Entiendo que mucha gente prefiere vivir el BDSM de forma estrictamente personal, como cualquier otro aspecto de la afectivo-sexualidad. Entiendo que mucha gente no sienta la necesidad de asociarse, como en cualquier otra faceta de la vida. Pero no podemos obviar la importancia que tienen las asociaciones BDSM en una sociedad en la que aún se discrimina a las personas por sus gustos sexuales. Habrá quien diga que nunca fue discriminado por sus gustos sexuales, perfecto, yo tampoco fui discriminado nunca por eso (y espero que así sea siempre), pero ello no me impide ver que sí existe ese tipo de discriminación, y sí que soy capaz de ver cómo gran parte de la sociedad necesita aún de una labor pedagógica en torno al BDSM y a las sexualidades alternativas.

No es la primera vez que digo que durante muchos años mi relación con el BDSM se limitó al visionado de pornografía relacionada con esta temática y a mis propias fantasías, pero nunca pude pensar en hacerlas realidad más allá de juegos esporádicos de cama. Esto cambió cuando entré en el chat de ACA BDSM y empecé a relacionarme con las personas que habituaban este chat, hasta que, no sin una lucha interior, acabé por asistir a un café de los que organiza esta asociación, después a fiestas... y hoy procuro no perderme ningún evento. Mucha gente conoce (ya en el mundillo BDSM, ya fuera de él) personas que les apoyan, les guían y les enseñan cómo andar en este mundillo que no siempre es fácil de andar. Otros no tenemos esa suerte y es acercándonos a asociaciones como descubrimos la manera de andar, donde conocemos a esa gente que nos puede ayudar y donde, a menudo, encotramos asesoramiento legal y ayuda en problemas que pueden surgir. Además de poder asistir a charlas, talleres... que nos son útiles a la hora de llevar a la práctica determinadas cosas. Por no hablar de fiestas, cafés, reuniones... que no se organizan solas. Evidentemente una fiesta o un encuentro se puede organizar sin falta de una asociación detrás, pero la actividad regulada, reglamentada, contínua y organizada, creo que nunca está de más.

Recientemente leí con sorpresa que no existen asociaciones BDSM en el estado español, tan sólo grupos pequeños en áreas periféricas. Podríamos abrir un debate denso y arduo sobre qué es la periferia y sobre las dinámicas centro/periferia, pero como pretendo que este blog se ciña sólo a cuestiones bedesemeras no voy a abrir un debate que sobrepasa con mucho el BDSM, aunque, visto lo visto, también nos influye. Sencillamente hay que aclarar que en Asturias, y en otros puntos del estado existen asociaciones BDSM, con mayor o menor actividad, cada uno según sus posibilidades. Por ceñirnos a Asturias (que es el trocín de mundo desde el que me comunico), hay que entender que en una población de aproximadamente 1.000.000 de habitantes, con la población más o menos repartida, la capacidad de llegar al conjunto de la población siempre será menor que en Madrid, Londres o Berlín. Evidentemente aquí no podremos hace lo que hacen en Berlín, eso es de perogrullo. Pero sería injusto considerar que en Asturias no existe BDSM, que no hay actividades BDSM y que no hay asociaciones BDSM. El último punto simplemente no es discutible, o las hay o no las hay, independientemente de su actividad. Y en este caso, existe al menos una asociación legalmente establecida. El resto de los puntos, supongo que habrá quien los pueda discutir, creo que en el momento que alguien se reivindica como partícipe de la comunidad BDSM (comunidad, mundillo... como queráis llamarlo) podemos estar hablade de que existe BDSM en Asturias. 

No, este post no tiene como objetivo loar las virtudes de tal o cual asociación (supongo que de querer hacerlo, estas asociaciones ya tienen sus propios espacios de comunicación), pero sí que quiero llamar la atención sobre la inexactitud de quien afirma que no existen asociaciones BDSM en el estado español.

Creo, y esta es una opinión con la que cada cual podrá estar de acuerdo o en desacuerdo, que como personas que vivimos en una colectividad no nos queda otra que trabajar en conjunto si queremos que algo salga adelante. Las fórmulas son miles, millones, por supuesto, y no toda forma de trabajo tienen que pasar por una fórmula única. Habrá quien prefiera trabajar por algo desde una asociación, otros que prefieran hacerlo desde un grupo de amigos, otros en solitario e incluso los habrá que prefieran no hacerlo. Todas esas opciones son muy respetables. Personalmente creo que todas las fórmulas expuestas son válidas y tienen resultados, si bien considero que cualquier trabajo en solitario se hace especialmente arduo y quema más a quien lo lleva a cabo. Por otro lado, el trabajo en solitario muchas veces lleva a que cada uno trabaje parcelas aisladas sin llegar a interconectarse con otra gente que trabaja lo mismo (si bien es verdad que las redes sociales nos ayudan mucho). La diferencia fundamental que me parece que aporta una asociación respecto a un grupo de amigos es la personalidad jurídica. Es decir, una asociación es, en toda regla, una persona jurídica, y ello conlleva unas responsabilidades. Por ejemplo, si un grupo de amigos organizamos una fiesta y uno de ellos resulta herido por una mala práctica BDSM (por decir un algo, le hacen una suspensión y le dislocan un hombro), siempre  podemos encontrarnos con problemas a la hora de dirimir responsabilidades, mientras que habiendo una persona jurídica detrás, esto se facilita. Además, una asociación siempre tiene un acceso mayor a la hora de ofrecer asesoría jurídica, médica... y su condición de asociación siempre te aporta unas garantías básicas. 

Por otro lado, aunque sabemos que las asociaciones dependen en gran medida de la voluntariedad de sus miembros, y que la gobernabilidad de la asociación depende en gran medida del buen rollo que haya entre sus miembros (una asociación en la que sus miembros se lleven a matar difícilmente sacará nada adelante), el hecho de formar una asociación siempre genera un compromiso mayor, una suerte de deber para con el ente asociativo que permite coordinar mejor a las personas. Al menos, así debiera ser.

Evidentemente una asociación nunca va a poder hacer todo lo que le gustaría, ¿quién puede? Nunca va a llegar a todo el mundo, claro, pero quizá no deberíamos olvidar que muchas personas echan mucho tiempo en normalizar el BDSM, en organizar charlas, fiestas, eventos... Algunas de esas personas lo hacen desde asociaciones, otras no. En todos los casos, personalmente debo mucho a todas las personas que trabajan por ayudar a los que vivimos el BDSM, quizá sin ese trabajo desinteresado y altruísta, yo no estaría viviendo hoy el BDSM, quizá no sabría cómo llegar hasta aquí y conocerme, poco a poco, más a mí mismo. A esas personas, gracias.



lunes, 11 de marzo de 2013

Yo, marioneta sin hilos. Yo, marioneta. Marioneta, yo.


«¿Qué es lo más humillante?»
me preguntabas hace tanto tiempo,
incluso antes de yo conocerte,
antes de morir de quebranto, sin aliento
ante tu mirada felina, transparente,
la que soñé en un agitado sueño violento
en el que, onírica y sádica, penetrabas mi mente
al tiempo que, sumiso, insumiso, despótico, agotaba yo mi tiempo.

Comer pollas, tragar lefa, beber orina,
ingerir los asquerosos guisantes o las heces,
bofetadas, travestismo, animalismo,
todas esas cosas, todas, me dan lo mismo,
sólo una, una sólo, lo supera todo con creces,
arrancarme de tu seno, devolverme a mi triste rutina.

Tú bien sabes que es en este guiñol de vida
tu marioneta el único papel que quiero tener
y sueño con que los hilos de tu mano bailen.
Quiero yo soñar ser en tu sala
tu objeto, tu reposo, tu escabel,
ahí donde reposas los pies de tu poder.
Que de tus manos los dedos me respiren
sobre el cuello colocándome el cascabel.


   Imagen.


«¿Qué es lo más humillante?»
me preguntabas hace tanto tiempo,
incluso antes de yo conocerte.
Con todo, sueño que para mí era la pregunta,
incluso en aquel tan lejano momento,
en el que mi mente yacía difunta.
Para mí era aquella pregunta humeante
de fuegos aún no encendidos a mi suerte,
de lazos futuros, de sueños presentes,
de fustazos soñados y azotes ausentes.

Tus ojos celestes mirando sin verme,
tu mirada oculta sobre este cautivo,
tu ausencia presente hasta en mi olvido
y en el espejo mirarme el alma imberbe.

La mayor humillación,
despertar de mi sueño
como un Pinocho falaz
entre tanta confusión,
cortados tus hilos de empeño.
Esperando, quizá, aunque sea de forma fugaz
despertar en lo único cierto, tu función.
Arrodillarme en ti, desnudo de mí y de mi humillación.

     Imagen.

viernes, 8 de marzo de 2013

Espacios.


Leo con tristeza y preocupación en Flechazos BDSM que Laboratorio de Fantasmas, en Madrid, puede acabar con su actividad por diversos motivos (que se explican, grosso modo, en el artículo). Y me preocupa seriamente porque, aunque yo no estuve nunca en el Laboratorio de Fantasmas (mi pequeña tierra verde está bastante lejos de los llanos madrileños), ni conozo a sus promotores (mi andadura en el BDSM es demasiado corta como para conocer a la gente que, fuera de Asturias, trabaja en torno a nuestra afectivo-sexualidad), entiendo que un espacio que se pierde, es un espacio que perdemos todos. Asturias tiene una población de  1.081.487*, y aunque en torno al 80% de la población vive en el Centro**, aproximadamente la mitad de la población no vive en ninguna de sus grandes ciudades (Oviedo/Uviéu, Gijón/Xixón y Avilés), la ciudad más poblada, Gijón/Xixón, no llega a los 300.000 habitantes, y la capital, Oviedo/Uviéu, supera escasamente los 200.000. Además, aunque el Centro está más o menos bien comunicado, la comunicación con el Oriente y, especialmente, con el Occidente, son más bien malas (muchos municipios no tienen ni acceso al transporte público).

Pienso, entonces, que si en una ciudad grande, bien comunicada y que supone un polo de atracción importante, como es el caso de Madrid, es difícil mantener espacios bedesemeros, ¿cómo será posible hacerlo en Asturias? Evidentemente Asturias genera sus propios polos de atracción (como cualquier otro territorio), pero también es evidente que ese polo de atracción no es comparable con el que suponen ciudades como Madrid o Barcelona. Así, si tenemos razones para preocuparnos por la salud del BDSM estatal, podemos imaginarnos las razones que tenemos para preocuparnos de la salud del BDSM asturiano. Leo en la entrevista de Flechazos BDSM a José María Ponce que la raíz de los problemas que atraviesa el BDSM madrileño está en «una crisis económica que se ha convertido en algo más que en una palabra, exceso de eventos para un público limitado en número y, probablemente, cierta atomización del "mundillo" en pequeños grupos, no siempre afines entre sí». Si traspolamos el caso al BDSM asturiano, podemos decir que el exceso de eventos no es precisamente nuestro problema, y por los conocimientos (o al menos las intuiciones) que tenemos, a pesar de no ser un territorio muy poblado, creo que tampoco podríamos buscar el problema en la ausencia de asturianos bedesemeros. Sabemos que hay muchos asturianos bedesemeros, a muchos además los conocemos, ya personalmente, ya a través de las redes sociales, ya a través de chats (como el chat de ACA BDSM). Las otras dos razones que apunta Ponce, creo que sí son aplicables al caso asturiano. Es evidente que la crisis se está cebando con gran parte de la población, lo que, además, en el caso de Asturias significa (como significó en las crisis de los 90, de los 80, e incluso en las crisis anteriores) un grado de emigración superior al del conjunto del estado. Es decir, se van muchos más bedesemeros de Asturias que los que pueden venir (precisamente porque Asturias no supone un polo de atracción).

El otro gran problema, y éste sí es un problema específicamente bedesemero, y que deberíamos abordar desde la comunidad bedesemera, es la escesiva atomización del BDSM, que ya no es que no derive en grupos afines, sino en deriva en grupos en más de una ocasión hostiles. Esto es, los bedesemeros asturianos no somos muchos (tampoco me atrevo a decir que somos pocos, porque en relación con la población, no creo que seamos pocos), y además estamos mal avenidos. Este post se podría convertir en un señalar con el dedo culpables, pero creo que no sería ni justo, ni equitativo ni productivo. Con todo, sí que tengo una opinión muy clara al respecto, y sí que creo que, a pesar de que todos tenemos nuestra culpa, los hay más culpables que otros, y perdonadme la vena moralista que me está saliendo.

Decía el gran jefe Seatle en su discurso de entrega de sus tierras al Gobierno de los Estados Unidos «soy sólo un salvaje, y no entiendo nada». Quizá yo también sea sólo un salvaje, quizá sea sólo un sumiso, o quizá sea sólo un tonto, quizá sea todas esas cosas, pero tampoco entiendo nada. O lo entiendo todo, pero me niego a creerlo. No entiendo, o no quiero entender, cómo es posible que desavenencias personales sean el origen de batallas campales libradas en silencio y en secreto, a modo de una macabra Guerra Fría, donde en lugar de plantear esas desavenencias de forma pública y notoria, para poder establecer debate en torno al BDSM, puntos de encuentro y, por qué no, puntos de desencuentro, lo que se hace es minar la moral del que se considera el enemigo y establecer campañas de desprestigio. Quizá este sea un juego en el que entramos todos en alguna ocasión (la autocrítica nunca está de más, y analizar en qué fallamos nosotros mismos nunca está de más), pero seamos francos, sin pretender caer en el juego del "y tú más", no todos caemos en la guerra sucia con la misma frecuencia ni con la misma dureza.

En un sitio como Asturias, donde todos nos conocemos, y en un mundillo como el nuestro, donde nadie somos desconocidos, es difícil no acabar conociendo lo que está pasando, por mucho que uno pretenda mirarlo todo con los ojos de la bondad, por mucho que uno pretenda que el mundo desaprensivo gane la partida y le pase al lado de los desconfiados y beligerantes por sitema, uno no puede dejar de ver lo que pasa.

Como dije, mi propósito no es, ni mucho menos, señalar culpables, sencillamente pretendo analizar una situación que puede ser dañina para el BDSM asturiano. Y creo que todos los que vivimos el BDSM en Asturias queremos (no concivo que pueda ser de otra forma, soy sólo un salvaje) que se normalice, que se normalicen socialmente nuestras prácticas y, muy especialmente, nuestros sentimientos. ¿No sería perfecto poder vivir el BDSM con normalidad, hasta públicamente si así lo decidiésemos? Pero esto es algo difícil, especialmente cuando en lugar de cerrar filas en virtud de un ideal superior a nosotros mismos (la normalización del BDSM, las libertades sexuales, la felicidad), nos enquistamos en nuestros propios orgullos con el único fin de marcar más paquete que esas personas que decidimos que sean el enemigo.

Los espacios son imprescindible en cualquier movimiento, y en el BDSM especialmente. No sólo espacios físicos, como puede ser el Laboratorio de Fantasmas, en Madrid, o el Triskel del Norte, en Asturias, sino también espacios intelectuales. Es decir, los eventos donde poder vernos, hablar, compartir ideas, los blogs (que también son un espacio), los chats... Son importantes para no vivir encerrados en una torre de marfil. Si bien es verdad que creo que por muy importante que sea un chat, un blog, un foro... el cara a cara siempre es más importante. Ese cara a cara se puede hacer en un espacio físico estrictamente bedesemero, o no. Así, por poner un ejemplo que conozco, en Asturias ACA BDSM organizaba encuentros en una cafetería, pero una vez hubo la posibilidad, empezaron a organizarse en el Triskel del Norte, con las ventajas que, creo yo, esto aporta. No es nada nuevo, los espacios físicos hace más cómodo el desarrollo de espacios intelectuales, aunque no sean imprescindibles para que estos se den, sí son muy provechosos. ¿Podemos dejar que unos espacios y otros desaparezcan?

Sin duda, podemos aportar muchas soluciones. El trabajo contínuo es una de ellas, pero ningún movimiento en este mundo se puede sustentar sobre el voluntarismo, porque las voluntades, de mucho exprimirlas, se pueden secar. La articulación de un discurso unitario, por más que también pueda ser heterogéneo, por supuesto, también podría ser un punto de partida interesante. Con esto no quiero decir que tengamos que escribir un Manifiesto bedesemero, ni mucho menos. Lo que quiero decir es que tenemos que partir de una serie de ideas comunes. Algo que en el plano teórico ya hacemos, lo hacemos cuando hablamos de la libertad de todas las partes para decidir lo que quieren hacer, cuando hablamos de la necesidad de la seguridad, cuando hablamos de la no superioridad de nadie sobre nadie... puntos que, grosso modo, venimos aceptando todos (casi). Nos falta, eso sí, el plano práctico. Nos falta el entender que no podemos estar a la gresca los unos contra los otros, que no lleva a ningún lado, por ejemplo, desprestigiar las actividades que hacen determinadas personas, o a esas mismas personas. Evidentemente, cada uno tenemos nuestro modo de entender el BDSM, de entender su normalización (o su no normalización), su sociabilización (o su no sociabilización), etc, pero no podemos perder de perspectiva que aquí estamos todos, y o bien olvidamos las guerras absurdas y cainitas, o bien nos hundimos todos. Y habrá quien quiera que se hundan los que hacen algo... Pero cuando los que hacen algo se hundan, no habrá nadie que haga nada, y entonces nos veremos en la soledad de nuestros sentimientos (aunque quizá hay quien crea que esa soledad se pueda paliar sólo a través de una pantalla de ordenador, yo no soy de esa idea, creo en la necesidad imperante de hacer cosas in situ).

Lo sé, sé que glayo en castañéu, que predico en el desierto. Sé que esto no va animar a nadie a dejar el discurso y la praxis cainita. Hasta mi imbecilidad tiene un límite (aunque haya quien no lo crea), y me doy cuenta de esto. ¿Nos hundiremos? Yo creo que, a pesar de los que pueden desearlo, no nos vamos a hundir. Porque nuestra determinación es grande. Tiene que serlo, no queda otra.

¿Recetas para que el BDSM asturiano goce de mejor salud? No tengo la receta mágica (si la tuviese sería un referente, un tótem del BDSM asturiano, estatal y mundial, no un soplapollas que escribe un blog con la ayuda de un chimpancé amaestrado para tal propósito), pero hasta un pobre salvaje, un pobre iluso, puede tener algunas recetinas de andar por casa, o puede leer y mirar las recetas que otros nos ofrecen. Y en la entrevista de Flechazos BDSM a José María Ponce intuyo algunas recetinas que pueden aplicarse, unas mejor, otras peor, en Asturias.

Y no, no quiero que el BDSM vuelva a significar para mí una paja delante del ordenador y un encuentro esporádico con alguien que me caliente el culo. Tampoco quiero que se limite a andar por los foros y los chats como un perro en celo buscando Ama. Quiero que el BDSM sea para mí lo que es ahora, una forma de crecer, de crecer con gente que me ayuda a crecer, y de vivir y sentir lo que me golpea en las entrañas desde hace tanto tiempo. En Asturias también hay BDSM, y está aquí para quedarse.

Como decía algún presentador estadounidense, buenas noches, y buena suerte.





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*Dato extraídos de Wikipedia.

**Asturias, a pesar de ser una comunidad uniprovincial, se divide en tres circuscripciones (que además de electorales son divisiones asumidas socialmente por los asturianos, el Occidente, el Centro y el Oriente)