Pincha y entra. ¡Hay que frenarlo!

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sobre la sexualidad BDSM y la subcultura que produce.

Todas las sociedades y las culturas se desarrollan en entornos determinados, y en contextos históricos determinados. Por ejemplo, la Revolución Francesa no se había dado sin un ascenso previo de la burguesía, que tiene su origen en el crecimiento de las ciudades. Estos burgueses se convierten en una clase social cada vez más importante y optan por desbancar del poder a los nobles (en Francia, en otros estados los desarrollos serían distintos, también debido a las circunstancias concretas de cada lugar). Lo mismo le pasa a la socialización de la sexualidad. La sexualidad es algo natural, es decir, todos (o casi todos, otro día podríamos hablar de la asexualidad y las personas asexuales) tenemos pulsiones sexuales que dirigimos hacia determinadas personas (animales o cosas) y hacia determinadas situaciones. Así, las personas de todas las épocas y de todos los lugares del mundo sienten, indistintamente de cuál sea su cultura y su sociedad, deseos de mantener relaciones sexuales (en el sentido más amplio que podamos imaginar, no sólo coital).

Así, podemos determinar que la sexualidad es algo natural, porque es para todos, indistintamente de nuestra sociedad, cultura, momento histórico... Pero hay elementos culturales, ya en la Prehistoria nos encontramos con un ser humano que no sólo se relaciona sexualmente para procrear, ni siquiera para satisfacer una pulsión, sino también para entablar relaciones. Esto es común a otros primates, y nos encontramos con chimpacés hembra que, por ejemplo, ejercen la prostitución, dando sexo a cambio de comida a los machos dominantes.

De este modo, la sexualidad es algo cultural, hasta el punto que las distintas culturas llegan a desarrollar distintos métodos de cópula. Así, los nativos polinesios se sorprendían de la forma de copular de los misioneros europeos (de ahí, la postura del misionero). Desde luego, a la hora de socializar la sexualidad, hay unos patrones de cultura, y las relaciones homosexuales que los antiguos griegos veían con naturalidad (y que normalmente se daban entre varones de distinta edad, maestro y alumno), los cristianos lo vieron como algo deplorable. Con todo podemos decir que la homosexualidad no es un producto cultural, en cuanto que se da en todos los territorios del mundo y en todas las épocas, esto es, en todas las sociedades (por mucho que Ahmadineyad diga que en Irán no). Pero... ¿Qué pasa con el BDSM?



Está claro que el BDSM, tal como lo entendemos hoy, constituye una subcultura, con sus roles, sus protocolos (todas las culturas y subculturas tienen protocolos, que no son otra cosa que normas de educación aceptadas por determinada colectividad). Esta subcultura no deja de verse englobada dentro de la cultura occidental (una subcultura siempre forma parte de una cultura, que llamaré supracultura para diferenciarlas mejor), que en nuestro caso se caracteriza por el liberalismo en lo económico y lo democrático en lo político. No en vano, el BDSM, tal como lo entendemos nosotros, no escapa a los valores de libertad e igualdad establecidos por la Revolución Francesa,  y que tendemos a asumir como lo natural, pero que es el fruto de un producto político e histórico determinado, por lo que no entendemos que nadie someta a otra persona contra su voluntad, como no entendemos que este sometimiento como algo derivado de la raza, la cultura, la condición social (a pesar de que en la literatura los Dominantes están siempre forrados y los sumisos son probetones) o, en los tiempos igualitarios respecto al género, por el género que tengamos (a pesar de que no se puede negar la existencia de discursos supremacistas femeninos o masculinos dentro del BDSM).

Como no podía ser de otra manera, el liberalismo económico forma parte del BDSM occidental en tanto que surgen locales de ocio vinculados al BDSM, BDSM profesionalizado, un mercado en torno al BDSM y sus juguetes... En definitiva, las relaciones capitalistas que ya vivimos en nuestras vidas vainilla y que tenemos más que asumidas (por lo que no estoy, ahora, queriendo abrir un debate sobre las formas de socializar y relacionarse en las sociedades capitalistas). Con todo, sabemos que el BDSM, como movimiento, es algo que surge a mediados/finales del s. XX, pero que los sentimientos no son propios de esta época histórica y de esta sociedad (marcada por la XX Guerra Mundial y la Guerra Fría), sino que son anteriores. Ya en la época victoriana nos encontramos con prácticas bedesemeras, como el facesitting, o nos encotramos en el XIX con la voluntad de Masoch de verse sometido ante una Venus implacable cubierta de pieles, por lo que no es nuestra época la madre del BDSM.



Ahora bien, entendiendo que no podemos aplicar la idea de prácticas consensuadas a determinadas épocas, porque evidentemente el Amo que en el s. XVIII sometía a su esclava en Tenessee, podría disfrutar sexualmente de ello, pero ella no necesariamente (en cualquier caso, nadie le preguntaba, a nadie le importaba, y no estamos ante episodios de BDSM, sino de violación), y evidentemente el patricio que sodomizaba a su esclavo romano, en la antigua Roma, tampoco se importaba por los deseos del esclavo. Así, cuesta mucho hablar de BDSM en situaciones en las que la violencia está al orden del día, y donde, por lo tanto, es muy difícil fijar el límite de lo consensuado e, incluso, del disfrute. Porque así como podemos entender que nos hayamos ante homosexualidad en el momento que una persona se siente atraída por otro de su mismo sexo, no podemos entender que nos hayamos ante sadismo (en el sentido que nosotros le damos) o ante dominación, en el momento que una persona disfruta de hacer daño físicamente a otra, o de dominarla. Además, es realmente difícil entender si ese disfrute es sexual o no (más allá de que sea lícito, de lo que pretendo divagar no es tanto de las relaciones lícitas en BDSM y lo que no es lícito, violaciones, etc., como el sentimiento o la pulsión que siente la persona que desea realizar determinada práctica).

Es decir, la violencia contra las mujeres en Afganistán forma parte de una supracultura violenta hacia las mujeres, no se la subcultura del maledom. Pero... ¿Y si un afgano (independientemente de que acepte de mayor o menor grado la supracultura en la que vive) es Dominante? ¿En qué punto podemos diferenciar el deseo de dominar por el contexto de la supracultura afgana o en la lógica de la subcultura BDSM?

En ese sentido, ¿existe BDSM fuera de las sociedades liberales occidentales? Podríamos decir que sí, que en Japón hay BDSM. Y en efecto es así, pero no podemos obviar que Japón es una sociedad muy occidentalizada. También encontramos en países árabes (algunos islámicos) indicios de BDSM, y, muy curiosamente, de femdom (¡en mujeres y en hombres que desean ser dominados!). En este mundo globalizado sería muy difícil analizar hasta qué punto este desarrollo de la subcultura femdom forma parte de una occidentalización de la supracultura local o mana der ella misma.

En ese sentido, hace poco que leí un artículo en Cuadernos BDSM (nº 4, p. 10) sobre una posible tendencia bedesemera, ni más ni menos que en la Prehistoria, y en otro número se hablaba de las representaciones de Aristóteles cabalgado, representaciones que nada tienen que ver con un hipotético gusto de Aristóteles por ser un ponyboy, sino con la ridiculización que en él buscaban los cristianos medievales, críticos con su filosofía que atentaba contra determinados principios bíblicos (recomendable, La dama de la rosa). Como decía mi profesor de Prehistoria, cuando en Prehistoria algo no se sabe explicar, siempre se dice "eran creencias espirituales", sin atender a nada más. Él ejemplificaba con los enterramientos de personas en posición fetal, que a veces se explican como un "volver a la madre tierra", cuando se puede explicar de un modo más pragmático, pues en posición fetal hay que cabar menos que estirado para enterrar a una persona. La cuestión es que en el artículo al que me refiero se trataba de venus (figurillas paleolíticas que representan cuerpos de mujer) que presentaban adornos alrededor de los pechos y del cuello que sugerían bondage de los que hoy conocemos. Realmente las imágenes sí resultan sugerentes, pero como el mismo autor plantea, no son determinantes. La pregunta está clara, ¿existieron no ya en épocas prehistóricas, sino antiguas o medievales relaciones D/s que no fuesen meras relaciones de dominación-opresión? ¿Cómo diferenciamos en determinadas sociedades una cosa de la otra (habida cuenta de que el BDSM como lo podemos entender nosotros se basa en un concepto de la libertad propio de la civilización occidental?



La cosa parece una tontería, pero quizá podría valirnos para definir con más precisión el BDSM como una tendencia sexual universal (en espacio y en tiempo, como lo son la heterosexualidad o la homosexualidad), o como una tendencia derivada de una cultura determinada (como lo son la poligamia o la monogamia, que existen en unas culturas sí, en otras no, y que además, en ambos casos, se consituyen como supracultura, no como subcultura). De ahí podríamos concluir la naturalidad (perdonadme si resultan términos muy maximalistas o esencialistas, nada más lejos de mi intención) o la culturalidad del BDSM.



¿Podemos presuponer, con todo, que es natural en cuanto a que nadie, desde la supracultura, nos induce a ello y que es cultural en la medida que se desarrolla a través de unas relaciones construídas a tal efecto (protocolos, normas ético-morales, etc.)? Probablemente. ¿Que esta disertación es una paja mental sin ningún interés práctico? A priori, y mirándolo desde una perspectiva inmediata y exclusivamene BDSM, en efecto, es una paja mental. Quizá mirándolo desde otros intereses (en los que no voy a entrar aquí), la cuestión sería más difícil de analizar (de ahí mi preocupación, relativa, por el tema).

Sea como fuere, lo que sí que creo con rotundidad es que la sexualidad se construye, en lo íntimo y en lo social, y a nosotros nos corresponde cómo construir un BDSM que vaya acorde con nuestra forma de entender la vida.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Hay veces que las cosas no salen como estaban previstas, y eso, en principio, parece malo. Este sábado tenía previsto asistir a la fiesta de aniversario del Triskel del Norte, pero la fiesta se vio aplazada por un pequeño problemilla (ver aquí) hasta el 24 de noviembre (aprovecho para decir que aún estáis a tiempos, rezagados, de apuntaros). Así que uno se queda sin plan... O no. Así que un grupo de amigos quedamos para cenar y no dejar que una mala noticia, el aplazamiento de la fiesta, nos arruinase el día.

Una cena sencilla entre cuatro amigos sin roles, nada, en principio, del otro jueves. Con una pequeña excursión previa, eso sí, y una serie de debates casi casi teológicos (y es que somos polifacéticos). Pero como suele pasar, lo que parece una cosa sencilla, no tiene por qué serlo, o no tiene por qué vivirse como algo sin importancia. Más allá de la importancia infinita que tiene pasarlo bien con la gente a la que aprecias y quieres, la importancia de tener la oportunidad de hablar de determinados temas que te hacen crecer, la oportunidad de recibir consejos y tirones de orejas cariñosos que te ayudan a crecer, y descubrir, una vez más, dónde metes la pata (ahora queda solucionarlo, ver veremos), y esos momentos sutiles que te permiten conocer mejor a las personas, no son para nada pequeñeces ni situaciones insignificantes.

Y es que a veces los pequeños momentos son grandes momentos, para conocer a los demás, sí, pero también para conocerse a uno mismo. Para conocer tus reacciones y para ver cómo, observándote a ti mismo, conociéndote, las reacciones van cambiando y haciéndose más racionales, incluso más placenteras, y ver cómo las cosas que antes a uno le dolían escuchar, porque no le gustaban, ahora le gusta escucharlas, porque le ayudan a crecer.

Sin duda hay mucho camino por delante. Sin duda me queda muchísimo para conocerme a mí mismo, para comprenderme y para construírme y que el resultado sea el que quiero. No sé cuánto tiempo puede llevarme, probablemente años, porque uno siempre se está construyendo, y realmente es un crecimiento que nunca debería detenerse. No es fácil, pero quizá deba comprender que el hecho de ser difícil no convierte el esfuerzo en un esfuerzo penoso, doloroso. Lo difícil también puede ser placentero, un reto a superar, un esfuerzo feliz, que nos hace sentirnos felices por el mero hecho de esforzarnos. Quizá esta visión se corresponda más con un deseo que con una realidad, pero la realidad se construye en base a los deseos, y en base a un esfuerzo nuevo, que nunca conocí. Quizá sea la hora de estender las alas y volar hacia uno mismo, construírse como sumiso de una vez por todas.

¿Será poca cosa una cena entre amigos? Me parece que no.





Y es que además, como se puede intuir en la foto, lo pasamos en grande ;)

viernes, 26 de octubre de 2012

Muñeca de porcelana.

A una buena amiga que, por distintas razones, se vio apartada del BDSM contra su voluntad.




Mil veces se rompió,
muñeca de porcelana,
tu alma desgarrada
que el mundo no entendió.

Mil veces recompusiste,
triste paloma galana
los pedazos de un corazón
derramado en la solana.
Mil veces te levantaste
del sueño de tu panteón.

No siendo hoy, paloma,
que tus alas no alzaron vuelo,
no siendo hoy, muñeca.
Reventaron pedazos en el suelo.

De mis ojos brotaron
lágrimas de blanca porcelana.
Ya mis tripas sangraron
silencios mudos, desesperanza.

Mil veces te recompusiste,
puzzle complejo, incompleto.
Mil veces te rompiste.
Hoy quedó el cielo muerto.

Y mis ojos secos,
secos mis ojos,
te vieron marcharte.
Sin poder despedirte.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Egoísmo.

Siempre oí a los Amos hablar del egoísmo de los sumisos. Siempre oí decir que los sumisos pensaban muchas veces más en sí, que en los Amos. Y siempre pensé que no era así, que esa era la visión de los Amos porque de alguna forma todos tendemos a tener una visión indulgente con nosotros mismos, pero no tanto con los demás.

Pero a veces pienso, pienso, pienso... Y cuando pienso mucho, se me sobrecalienta la cabeza, porque muchas veces pensar mucho no es inteligente, y porque no todos los pensamientos son constructivos. Y es cierto que un sumiso puede llegar a ser muy egoísta. Seguramente sin malas intenciones, seguramente con la sincera intención de entregarse al máximo... Y sucede que, como sumiso, la máxima aspiración es la entrega, pero se corre el riesgo de entrar en un círculo vicioso y considerar que la entrega es lo que se entrega. Como parece un trabalenguas, me explico.

¿Por qué se entrega un sumiso? Porque siente esa necesidad (no voy a teorizar por qué siente esa necesidad, porque es algo que me superaría). Vale, hasta ahí bien, pero... ¿Qué es lo que entrega un sumiso? Porque para entregarme tendré que saber qué estoy entregando. Respuesta fácil, se entrega a sí mismo, como posesión. Muy bonito, podríamos usarlo para escribir un poema o un bolero. Pero como por mucho que yo me entregue, no estoy abierto a que me descuarticen a hachazos, tenemos que replantear qué queremos decir que nos entregamos a nosotros mismos, en cuerpo y alma... porque la práctica es otra cosa. Entregamos parte de nuestra voluntad, de nuestra autonomía, bien, pero ¿es eso todo? ¿Toda la entrega que hago es aceptar órdenes? Entregamos un sentimiento. Bien, muy bonito también, ¿a cuánto está el kilo de sentimiento? Quiero decir, evidentemente los sentimientos son lo más importante en el BDSM y en la vida, eso no lo voy a descutir, pero hablar de entregar algo intangible, es un poco tramposo, porque yo me puedo entregar al cien por cien en sentimiento, pero después no hacer ningún esfuerzo, entonces, ¿dónde quedó ese sentimiento?

Y para responder a la pregunta de qué entrega un sumiso, quizá tengamos que responder a la pregunta inicial, por qué se entrega un sumiso, o mejor dicho, para qué. En foros, chats, blogs, espacios masturbatorios varios (como éste mismo) uno suele leer de los sumisos (me voy a centrar en los sumisos varones y en las Amas mujeres) que quieren que su Ama tenga la vida más cómoda. Hacerle la vida más cómoda y grata a su Ama es el principal objetivo del sumiso. ¿Es eso cierto? Sí y no. Quiero decir, más allá de los pajilleros que uno pueda encontrar en la red, los sumisos sí que creo que queremos hacerles la vida más cómoda a las Amas, más grata. Por eso estamos dispuestos a ir a la Conchinchina a buscar eso que necesitan y que les da por el saquete ir a buscar, por eso deseamos llevarles el desayuno a la cama y, si es necesario, hacerles los baños. Pero los sumisos olvidamos, por lo que veo por la red y por lo que veo en mí mismo, con demasiada facilidad que las Amas son mujeres integrales, es decir, que además de Amas son personas. Y que sí, que está muy bien ir a la Conchincina, hacerles los baños... Pero tienen más necesidades, además de las derivadas del BDSM. Y no solemos darnos cuenta porque solemos estar demasiado ocupados mirándonos al ombligo. Solemos estar demasiado ocupados autoconvenciéndonos (y convenciéndolas a ellas) de lo buenos sumisos que somos, para ver que detrás del BDSM hay vida.

Y esto es así, a menudo (y entiendo que habrá sumisos que no se sientan identificados con lo que escribo, e incluso los habrá que no se ajusten a lo que digo) aunque conozcamos los intereses y las preocupaciones personales de la otra persona. Las ansias por ser buenos sumisos nos hacen olvidar, a veces, que es más importante ser buenas personas. El de sumisión es un sentimiento muy fuerte, cuando uno quiere ser sumiso de alguien, hay un sentimiento que le ata las entrañas y le aprieta hasta hacerle sangrar, porque las entrañas se remueven ante este sentimiento. Y precisamente por eso cuando uno quiere entregarse a alguien, no puede quedarse nada más en las vivencias BDSM, tiene que recordar que esa otra persona tiene otras preocupaciones que pueden hacerle sentirse mal. Tiene que recordar que son más los problemas, y tener la paciencia necesaria (que tampoco es tanta) para no anteponerse él mismo a todo lo demás. Porque sí, los sumisos, o al menos este sumiso, cree con demasiada frecuencia que es el centro del Universo, y en consecuencia, tiene una traba muy grande, mucho, para hacer que la persona a la que quiere entregarse tenga una vida más fácil. Más bien lo contrario, se la complica. 

Por eso no basta con querer cambiar, con querer ser buen sumiso, buen amigo, buena persona. Hay que hacerlo.

martes, 23 de octubre de 2012

ETS.

Hace algún tiempo un amigo mío que participa en movimientos LGTB me decía que en su asociación se iban a los cuartos oscuros a repartir preservativos a la gente que entraba y que, obviamente, tenía pensado mantener relaciones sexuales. En cambio, al contrario de lo que pueda parecer, mucha gente rechazaba el preservativo y se exponía a mantener relaciones sexuales con auténticos desconocidos sin precaución alguna. El colectivo LGTB fue, históricamente, uno de los primeros y de los más afectados por la Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS) que mejor conocemos, el VIH-SIDA, y en consecuencia fue el colectivo que más se preparó para convatir la pandemia. Las organizaciones LGTB se esforzaron desde los 80 en concienciar a su colectivo de los peligros de mantener relaciones sexuales sin protección, y aún así, después de haber bajado el número de homosexuales varones (uno de los colectivos más afectados, dentro del colectivo LGTB), y, por el contrario, tener más infecciones en la población heterosexual, hoy el colectivo LGTB (más particularmente los varones homosexuales) volvieron a ser un colectivo de riesgo. Honestamente, a día de hoy no sé cual es la situación, ni tampoco pretendo aquí hacer un estudio (no lo es, no tengo ni los datos, ni la formación, ni la capacidad para sacar conclusiones) sobre los distintos grupos afectados por el sida.

Donde quiero llegar es a que este colectivo hizo y sigue haciendo un esfuerzo enorme por combatir las ETS. ¿Y qué pasa con el colectivo BDSM (ya sea homo o hetero)? No podemos negar que en la comunidad BDSM se hicieron y se hacen esfuerzos para combatir el sida y otras enfermedades de transmisión sexual. Con todo, es cierto que quizá muchos de los que practicamos o vivimos el BDSM no conocemos ciertos riesgos añadidos de nuestras prácticas (yo el primero).

No pretende este post ser un relatorio de prácticas de especial riesgo, porque yo no soy, por un lado, conocedor de muchísimas de las prácticas BDSM, ni por otro lado soy un gran conocedor del modo de infección de muchas ETS. Bien, más o menos todos sabemos que el principal modo de contagio es el coito vaginal o anal. Ahí, poco podemos añadir con respecto al sexo vainilla, gomita. También gomita en los juguetes (especialmente si se comparten entre varias personas), evidentemente no puedes sodomizar a un sumiso con un strapon y después pretender sodomizar a otro con el mismo. Otra vía de contagio evidente son las agujas. Evidentemente, las agujas jamás se comparten, y siempre se usa material esterilizado, preferiblemente a estrenar.

Pero no sólo de las formas "evidentes" nos podemos contagiar, pensad también en que tras una sesión de spank pueden darse llagas, o pequeñas heridas con pequeñas derramaciones de sangre, o que lo mismo puede pasar con una sesión de bondage, en el que la cuerda podría hacer un pequeño corte en la persona atada.

Por otro lado, no cuesta nada, nada, hacerse periódicamente las pruebas del VIH. Es verdad que a lo mejor no todo el mundo goza de la confidencialidad necesaria para ir al médico y hacérselas (yo me las hice en una ocasión, y tuve la suerte de poder ir con un familiar, sin mayor problema, sin necesidad de ocultar que quería hacérmelas, pero no todo el mundo tiene esa suerte). Pero recordar que hay muchas asociaciones que pueden aconsejaros del mejor modo de hacerlo, por ejemplo en la web http://www.infosida.es/ . En algún lugar leí que una de las formas más confidenciales de hacer las pruebas del sida es haciéndose donante de sangre, con lo que además ayudas a gente que realmente lo necesita (yo hace años que lo soy, y después de cada donación me mandan los resultados, y no tienes necesidad de explicar por qué te haces las pruebas del sida, ya que las hacen ellos por norma).

Creo que todos los riesgos que se corran tienen que ser asumidos, y no hay necesidad de correr un riesgo porque sí. Personalente, si un Ama me obliga a comer el semen de otra persona, no lo haré a no ser que tenga un certificado médico reciente (cuidado con esto, de un mes para otro una persona se puede infectar) que me garantice que no estoy poniendo en peligro mi salud, pues aunque el riesgo es menor que por vía vaginal o anal, el sexo oral también supone un riesgo.

Sencillamente es cosa de quererse un poco todos. Informarse y hacer las cosas medianamente bien. Creo que merece la pena.



viernes, 19 de octubre de 2012

Normalidad, "porque hay muchos tipos de perros".

Un debate que muy a menudo me encuentro en foros, chats, reuniones... es el debate sobre la visibilización del BDSM, y de nosotros, como practicantes de BDSM (aunque más que una práctica es una vivencia) en el conjunto de la sociedad. Hay gente que plantea que hay que vivir el BDSM públicamente, como pasa con las orientaciones sexuales (no obstante, en la comunidad LGTB, por ejemplo, ese es también un debate eterno, y mucha gente sigue defendiendo vivir en el armario). Otra gente lo que defiende es justo todo lo contrario, que hay que ser cauto, no compartir a la ligera una forma de vida que es aún incomprendida y con la que nos pueden hacer mucho daño.

Como siempre, creo que las ideas que a menudo aparecen como opuestas, muchas veces no son tan opuestas, y del mismo modo que no hablo de otros aspectos de mi sexualidad, ni de mi privacidad no sexual, en la cola de la carnicería, no lo hago con el BDSM, pero del mismo modo que con amigos y gente querida sí puedo hablar de mis cosas íntimas, ¿por qué no de BDSM? Con todo, eso es así a medias. Realmente no le cuento a mis amigos que practico BDSM, como sí les puedo contar otros aspectos de mi sexualidad. Porque en el fondo siempre existe el miedo a que no lo entiendan, existe el miedo a que no sean capaces de entender lo que nosotros mismos estamos convencidos que es dificilísimo de entender, pues quizá a nosotros mismos nos costó entenderlo y aceptarlo.



Llevo muy poco tiempo viviendo el BDSM, pero dentro de este poco tiempo, llevo bastante queriendo salir del armario, al menos en determinados entornos. A veces, cuando hablo de que quiero salir del armario temo que haya gente que piense en ello como en un ejercicio de exhibicionismo emocional. No, no se trata de eso, ni creo que el exhibicionismo moral sea sano (aunque no estoy yo para dar lecciones a nadie). No encuentro ningún interés en salir a la calle gritando "SOY SUMISO, SOY SUMISO", y tocando el chiflo del afilador, del mismo modo que no salgo a la calle gritando "AYER ECHÉ UN POLVO", o cualquier otra cosa, pero sí que encuentro mucho atractivo en estar con los amigos, y del mismo modo que puedo comentar "pues me gustaría  acostarme con Menganita", poder comentar "pues me gustaría que Menganita me pusiese el culo como un tomate". O del mismo modo que alguien entra por la puerta y te dice, "mira, aquí está mi novia", que alguien entre por la puerta y pueda decir "mira, aquí está mi Ama". Lo que viene siendo, normalidad. Pero lo cierto es que no vivimos en esa situación, y por más que presumamos de vivir en una sociedad tolerante, vivimos en una sociedad donde aún es posible encontrar una pareja homosexual por la calle que, al saber que son vistos, se sueltan de la mano rápidamente y disimulan. Estamos muy muy lejos de poder encontrar, no digo ya una persona paseando con correa a otra, sino de poder manifestar públicamente nuestra opción sexual.

Con todo, creo en el concepto de activismo BDSM (que sé que muchos cuestionan, y que muchos de los que leéis este blog, gracias por hacerlo, por cierto, cuestionáis), y creo que para que algún día llegue que la gente pueda hacer pública con naturalidad su opción sexual, hay que trabajar duro.

Hablando de eso, en algún post, algunas personas me comentaron que ellas ya hacían su vida BDSM pública en su entorno (supongo que eso ya depende del entorno de cada uno), y que no tenían problema. Y aunque en aquel momento yo lo cuestioné, hoy me tengo que corregir, al menos parcialmente. Hace mucho tiempo (dentro del poco tiempo que llevo en el mundo BDSM) que quería salir del armario, y empezar a hacer normal lo que tendría que ser normal. Por ello, ayer hablé con un amigo que es para mí como un hermano (ya anteriormente había hablado con una amiga, que también es una hermana para mí, y con un par de amigos de esos que también te dejan una huella profunda en el corazón). La cosa es que la conversación de ayer me sirvió para entender un par de cosas sobre el BDSM, y es muy curioso que esas cosas me las explicase alguien que no conocía nada de BDSM, sólo lo que pudo ver en un reportaje sobre ponyboys.

Las veces que le conté a alguien mi identidad sumisa, siempre di por hecho que lo más físico (los azotes, la humillación, los fustazos, pinzas...) sería más fácil de entender, porque al fin, no es más que una práctica sexual. Pero lo emocional, la entrega, la sumisión... sería más difícil de entender (quizá fue más difícil de asimilar para mí), puesto que se supone que, en el mundo vainilla, aspiramos a relaciones igualitarias entre hombres y mujeres. Hablando de ello con mi amigo, me dijo algo muy muy curioso. Que en el reportaje que vio sobre ponyboys, salía una dómina explicando que el sentimiento que siente por su sumiso, es el que una amazona puede sentir por su caballo. Más allá de lo literario de la referencia, me pareció interesante la comparación. Él decía que entendía el sentimiento, en la medida de que él le tenía mucho cariño a su perro, por ejemplo. A lo que yo le pregunté, "¿pero te imaginas tú sientiendo lo que pueda sentir el perro?", "no, yo no me veo de perro, pero mucha gente sí. Hay muchos perros, perros de sus trabajos, de sus jefes, en sus parejas...". La diferencia, fundamental, es que esos perros en realidad son menos libres, porque son  sumisos de sus jefes, de sus parejas, de su situación... porque o bien no les queda otro remedio, o bien no tienen el arrojo para cambiar una situación que no les gusta. En cambio nosotros somos perros más libres, vamos y venimos porque queremos, queremos ser sumisos y nos esforzamos por ello. Como alguien dijo, "mis perros están mejor educados, tú los atas, yo los llevo sueltos".

Muchas veces los bedesemeros tenemos una doble vida, nuestra vida normal, y la BDSM, y así se lo planteaba yo a mi amigo, que me miró muy serio y me dijo, "¿Qué es eso de la vida normal? Esto que a ti te gusta también es normal, ¿por qué separas? Es como si un gay hiciese su vida normal y su vida gay, ¿no?". Realmente eso me dejó callado. ¿No estaremos nosotros mismos quitándole normalidad a lo que es completamente normal? ¿No estaremos enfrascándonos en el morbo de lo anormal, lo prohibido, en lugar de normalizar una situación y unos sentimientos?

Realmente, nunca iba a pensar que una conversación con una persona vainilla fuese a enriquecerme tanto como sumiso. "Pues me cuesta verte como sumiso, eres muy indisciplinado, para cumplir horarios, para estudiar...", me decía mi amigo, acertando de lleno en mi principal defecto como sumiso, en algo que tengo que mejorar y en lo que tengo que trabajar duramente. Y hablar en una sidrería, con mi mejor amigo, compañero de militancias políticas, compañero de juergas (muchas), de malos momentos (algunos), y de abrazos (muchos, soy muy abrazón y muy llorón, qué se le va a hacer), sin sentir necesidad de escondernos del camarero, que yo creo que alguna cosa escuchó, y no se mostró escandalizado, fue para mí el mayor ejemplo de normalidad del mundo.

Vamos a ver, que no estoy diciendo que haya que salir todos a la calle a gritar "SOY SUMI"/"SOY DOM", no estoy diciendo que haya que hablar de esto en cualquier sitio, en el trabajo o delante de la abuela que hace calceta. No. No hay ninguna necesidad de exhibirse inútilmente a las miradas de todo el mundo, porque eso nos puede acabar haciendo daño. No se trata de eso, pero sí de empezar a creernos, de una vez por todas, que somos normales. Empezar a comportarnos con normalidad. Evidentemente el entorno hace mucho, y del mismo modo que se lo conté a este amigo, y a algunos más, no se lo cuento a otros amigos, o a familia... Porque no todo el mundo tiene por qué saber lo que hago con mi sexualidad. Nadie lea esto como una invitación a vivir el BDSM a lo loco, no lo es. Pero quizá sí tenemos que empezar a abirnos más, a mirarnos a nosotros mismos con otros ojos. No sólo como comunidad, que también, sino como individuos. A modo de autoconsejo, quizá yo mismo deba dejar al lado los sentimientos negativos, la culpabilidad, los miedos, y ser, de una vez por todas, libre. Tan libre, tan libre, que me pueda poner cadenas, y que las cadenas me hagan aún más libre.




miércoles, 17 de octubre de 2012

Por primera vez.

Tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir. 
Eclesiastés 21:3:1

A veces uno piensa que las cosas son como son porque no pueden ser de otra forma. A veces hipernaturalizamos las experiencias, y así, somos incapaces de imaginar cómo serían nuestras vidas si fuesen de otra forma. Pero igual que nosotros tenemos la vida que tenemos, otras personas tienen vidas completamente distintas. A menudo, al pasar delante del monasterio de S. Pelayo, en Oviedo, miro hacia las ventanas de las celdas y pienso en las monjas. Pienso en cómo tiene que ser la vida de una monja de clausura, y pienso en qué es lo que puede llevar a una persona a llevar esa vida (porque hay mucha gente con fe, y no por eso se menten a monjas, y menos de clausura). Supongo que cuando oyen a la gente volver a casa de juerga pensarán lo mismo. Pensarán en qué pensamos las personas que pasamos por la calle y cómo serán nuestras vidas.

Yo también pensé que mi vida era precisamente eso, mi vida, que había otras, se podían vivir otras, pero la mía era la que era la que yo estaba viviendo, y no me imaginaba viviendo otra. Y en mi vida había muchas cosas, y una de ellas el BDSM, pero el BDSM consistía en, como digo muchas veces, hacerme una paja delante del ordenador. Cuando empecé a vivir el BDSM ya de una forma activa, a sentirlo realmente, pensé que mi vida era la misma, pero haciendo una cosa que hasta entonces no había hecho. Ein!! error. Poco a poco voy descubriendo que mi vida no es la misma, que mi mente no es la misma, y que hago las mismas cosas que siempre, pero que hay algo diferente en todo ello. Ese algo diferente es difícil de explicar. Es saber que hay algo más que el morbo, saber que hay un sentimiento nuevo, un sentimiento que te llena, al que cuesta ponerle nombre, pero que te hierve en las entrañas y te crece dentro, haciéndote feliz.

Y mi vida va cambiando poco a poco, y eso no siempre es fácil. Hay momentos perfectos, y momentos desastrosos, sentimientos que te llenan, y otros que te vacían por completo. Y eso es también bueno, por mucho que pueda doler. Es bueno vaciarte por completo, para poder llenarte de nuevo de cosas nuevas, y así poder avanzar, corregir errores y convertirte en la persona que quieres ser.

Hay un tiempo para avanzar, otro para parar, y espero que otro para seguir avanzando. Este quizá es un momento duro, un momento para parar, porque hay que saber hacia dónde se camina, si se quiere caminar.

Hay momentos en los que sólo se ve oscuridad, y la oscuridad nos ciega. Hay momentos en los que nada parece tener sentido, en los que parece que no hay salida. Pero siempre hay salida, si sabes dónde buscarla, porque cuando se cierra una puerta, se abre una ventana. Quizá no hoy, ni mañana, pero la fruta no madura en dos días, y hay que esperar lo que haya que esperar. Porque hay momentos en los que el mundo se viene abajo, y de esos momentos se sacan las fuerzas para volver a levantar el mundo, para levantarlo y reconstruírlo para que sea como tiene que ser.

Y eso es un trabajo de titanes, pero merece la pena, al menos intentarlo.